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El ICEI frente al debate público
La televisión ha sido durante los últimos 50 años el actor predominante de la cultura visual que ha cambiado en forma irreversible la construcción de imaginarios cognitivos y valóricos.
Las leyes que regularon el funcionamiento inicial de la televisión en Chile fueron lúcidas y considerándola un bien escaso, la entregaron a actores cuya supuesta responsabilidad social era relevante (tres universidades y TVN). Cambios posteriores permitieron el ingreso de nuevos actores comerciales para la televisión abierta y el cable.
Una profunda revolución tecnológica ha transformado radicalmente tanto las condiciones de producción como las de emisión de señales televisivas. Equipos de muy bajo costo permiten el ingreso masivo de actores sociales a la fabricación de contenidos audiovisuales y en el campo de la difusión aparecen, en forma insospechada, nuevas ventanas de emisión: televisión digital, televisión vía I.P. y televisión por móviles; permitiendo todas ellas un gran número de emisores.
Las nuevas tecnologías han creado condiciones propicias para avanzar en la democratización de la comunicación audiovisual. Se presenta hoy la posibilidad real de abrir la puerta a actores sociales significativos por su representatividad nacional, regional o local y de permitir la expresión de numerosos componentes sectoriales como instituciones educativas, gremios, credos, pueblos originarios, municipios, organizaciones sociales, etc… Es un escenario privilegiado para concretar, en términos de comunicación pública, la voluntad de construir una sociedad con mayor participación ciudadana.
Es relevante para el Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile revisar el panorama técnico-político que rodea a una de las nuevas ventanas televisivas de inminente regulación y entregar su visión al respecto.
Al igual que el resto del mundo, Chile se ve enfrentado a la llegada de la Televisión Digital Terrestre (TVDT), la cual reemplazará en la próxima década al actual sistema de transmisiones analógicas que funciona en nuestro país desde 1959.
Entre otras ventajas, la TVDT permite una mejor definición y calidad de imagen por la misma vía inalámbrica actual (en señal abierta y gratuita); la posibilidad de ampliar considerablemente la cantidad de canales en el espectro radioeléctrico; y la factibilidad de establecer interactividad con las audiencias e interoperar con otros dispositivos de telecomunicaciones. Es necesario precisar que el espectro disponible, permite un mínimo superior a treinta, y un máximo superior a 100 emisiones abiertas digitales según sea el umbral de calidad técnica elegido.
Durante el primer semestre del 2007 las autoridades deberán decidir la norma con que el sistema operará en Chile. Así, la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel), que ha realizado audiencias públicas sobre el tema, tendrá que escoger entre las tres alternativas existentes: el estándar estadounidense (ATSC), el europeo (DVB-T) o el japonés (ISDB). Como antecedente, cabe señalar que el primero fue adoptado por los países de Norteamérica y Corea del Sur; el segundo por toda Europa, Oceanía y un importante número de naciones de África y Asia (incluido Taiwán); y el tercero por Japón y Brasil. Argentina optó preliminarmente por la norma americana, pero reconsideró su decisión y aún no la define. Según estudios de consultoras internacionales, la norma europea es la más adoptada superando ya 50 países.
No existe en Chile un parque de televisores digitales para ninguna de las normas. La elegida, por su mejor calidad técnica y menor costo social, deberá transitar durante un largo tiempo por decodificadores de digital a analógico multinorma: -NTSC, PAL, SECAM-, para ver la nueva televisión digital en el extenso parque de televisores que hoy utilizamos. Este decodificador será barato (US$ 25 a 35) si el piso de calidad es “televisión de calidad estandar” (SDTV)- la que permiten nuestros televisores-. Será caro (US$ 250) si el piso es “television de alta definición” (HDTV). La regulación del decodificador que se establezca como piso, determinará también la cantidad de canales digitales: En un canal de HDTV, caben 4 canales SDTV. No son incompatibles entre sí ya que las cuatro señales son multiplexadas por un solo transmisor, que interruptor mediante, puede unir en una sola señal HDTV.
El debate público debería centrarse por lo tanto, en el modelo predominante que queremos para la industria audiovisual en Chile, pues la variable técnica implica una decisión de orden comunicacional: Privilegiar la transmisión en alta definición (HDTV), pero con pocos canales, un modelo único de financiamiento que ha terminado construyendo una programación pobre y homogénea; u optar por un sistema multiplex que, propiciando la diversidad, permita la incorporación de mayor cantidad de señales en el mismo ancho de banda, con calidad de emisión estándar y menores gastos de producción y recepción.
Un aumento significativo de señales de calidad estandar (SDTV) potenciaría la idea de contar con una diversificación de canales y contenidos a nivel nacional, regional y comunal; permitiría también la expresión comunicacional de numerosos componentes sociales sectoriales. Al optar, -sin excluir la alta definición para algunos emisores-, por una norma que ofrece una resolución equivalente a la mejor señal análoga, estaríamos dando un paso importante en una efectiva democratización de los medios.
El ingreso a la generación y difusión de contenidos de nuevos actores nacionales, regionales y locales, de instituciones educativas, gremios, credos, pueblos originarios, municipios, organizaciones sociales, etc… constituiría un nuevo referente para la comunicación audiovisual. Ampliaría el horizonte de la comunicación participativa y también con ella las bases esenciales de la industria audiovisual: La importancia de la formación cinematográfica y televisiva, el desarrollo de los oficios y competencias artísticas, la generación de contenidos diversos, el desarrollo de nuevos formatos y lenguajes, la producción audiovisual, los polos regionales, las alianzas de fondos públicos y privados y las redes nacionales e internacionales.
Las televisiones públicas de Francia, Gran Bretaña y Holanda, demuestran la importancia de un financiamiento que, si bien, no rechaza la publicidad, busca otras fórmulas que propicien el desarrollo sustentable de proyectos que incorporen la identidad local, contenidos educativos y problemáticas de la sociedad civil.
Los chilenos esperamos que el Estado cumpla con su rol garante del bien común, en materia de telecomunicaciones, y promueva el estudio de financiamientos alternativos al publicitario.
Es el momento que el desarrollo tecnológico le devuelva la mano a la sociedad civil y contribuya en la articulación de redes sociales. Éstas han sido las artífices en el desarrollo de proyectos colaborativos tan notables como la enciclopedia libre “Wikipedia” y el servidor libre “YouTube”. Hoy, existe la oportunidad histórica de aprovechar el avance tecnológico de la televisión digital terrestre, para levantar proyectos que estimulen la creación de contenidos específicos, que representen las diversas perspectivas que nos constituyen en tanto sociedad.
Instituto de la Comunicación e Imagen