Buscador
Entrevista con el director de “La misteriosa mirada del Flamenco”, nominada a los Premios Goya:
A sus 29 años y tras un destacado recorrido internacional en 2025, el realizador reflexiona sobre el trabajo colectivo que hizo posible su ópera prima; su mirada crítica influenciada por sus vivencias personales y su paso por la Casa de Bello; las dificultades al momento de hacer cine en Chile; el valor de la vida en comunidad como actos de resistencia ante el individualismo contemporáneo y el panorama próximo para el cine chileno.
El 13 de enero pasado, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España dio a conocer las nominaciones a los Premios Goya, instancia que hace 40 años celebra la calidad del cine español. Una de las categorías disputadas es la de Mejor Película Iberoamericana y fue en ella que apareció el nombre de La Misteriosa Mirada del Flamenco representando a Chile. Una obra que, sin duda, ha tenido un amplio recorrido internacional desde su producción hasta su circulación en festivales. Es más, se llevó el premio mayor de Un Certain Regard en 2025, segunda competencia oficial de Cannes; ganó la categoría Sebastiane Latino en San Sebastián y, a mediados de diciembre, el prestigioso medio The Hollywood Reporter la elogió como la mejor película hispanohablante de 2025.
Su director, Diego Céspedes, de 29 años y egresado de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad de Chile en 2018, acaba de terminar una serie de entrevistas con la prensa española. En ellas, ha abordado el trasfondo de la historia de Lidia, de once años, quien ha crecido en el seno de una familia queer en un pueblo minero hostil a principios de los años 80. A ellos se les culpa de una misteriosa enfermedad que está empezando a propagarse y que, se dice, se transmite a través de una sola mirada cuando un hombre se enamora de otro. Esta no es más que el VIH y Lidia comienza a liderar una búsqueda de venganza, enfrentándose a la violencia, el miedo y el odio, donde la familia es su único refugio.
Una ópera prima, cuya producción requirió de amplias redes de colaboración internacional para que viera la luz, y que plasma en la ficción la mirada de su joven director y guionista frente a las vivencias de su comunidad, familia, amigos y cercanos. Una mirada también fortalecida en su paso por la Escuela de Cine y Televisión que, según afirma, ha sido clave en la postura de su obra y, que de alguna forma u otra, sea un acto de resistencia. En esta entrevista exclusiva para fcei.uchile.cl, Céspedes apela a la comunidad y al amor como el mensaje central de la película ante un individualismo excesivo en los tiempos de hoy. Y asegura que los galardones no mueven su propósito autoral.
“Normalmente, los premios que son de industria son bastante diferentes a los de festivales de cine porque estos últimos, en su mayoría, están enfocados en algo más artístico y se refleja en su curatoría o línea editorial. En cambio, en los premios de industria vota mucha gente donde no hay una línea editorial y es sabido que es la campaña la que mueve los premios, más en los Oscar que en los Goya. Entonces, el desafío es convocar a que la gente vea tu película y que les guste, a diferencia de un festival donde un jurado ve todas las películas y las evalúa una a una. Creo que es un poco menos democrático, pero de todas formas te da prestigio en un espacio en el que se puede dialogar más, como es el caso de la industria española, que es más pequeña. Sin embargo, también depende del momento y además se toman muchas decisiones políticas. En los premios, no hay conversación como sí ocurre en los festivales. O sea, hay, pero son de pasillo y no hay un acuerdo mutuo sobre cuál es la mejor película. Este es un reconocimiento importante por parte de la academia española, pero también estoy muy tranquilo y pensando que estos tipos de premios no mueven lo que hago”.
“Esta es una película que, por su tamaño, no se puede financiar en Chile porque no están los recursos privados ni públicos. Entonces se tenía que recurrir a una coproducción. Fueron tres años y medio en búsqueda de financiamiento por todos los países, tiempo en el que uno va haciendo acuerdos, presentando el proyecto, probando la parte artística y de producción una y otra vez. Son fondos que, normalmente en el extranjero, tienen un enfoque en el cine de autor. Entonces, desde ahí se hace una coproducción como esta, en la que participan cinco países. Puede sonar muy grandilocuente, pero en realidad la coordinación es bastante difícil porque tienes que hacer que los dineros se puedan ocupar en Chile y que funcionen como una inversión favorable al país. Además, uno hace un acuerdo internacional, artístico, político y económico al mismo tiempo, que es muy enredado. Toda la postproducción la realizamos en el extranjero”.
“Yo creo que uno nunca para de cambiar el guion. Cambió hasta en el rodaje, el montaje y la composición del sonido. Hay una parte que fue la postulación, donde se va mejorando el guion según los consejos que uno quiere tomar. Y, particularmente, en esta película el elenco, que es muy diverso, también hace su reescritura porque son personajes que tienen mucho de ellos mismos. Por último, la música juega un papel clave. Nunca había trabajado con un soundtrack, eso me gustó mucho, moldea el estilo de la película y como la recibe la audiencia”.
“Les diría que les van a tocar tiempos más… (difíciles), incluso más difíciles que los que nos tocaron a nosotros para estudiar, sobre todo porque el acceso va a ser más limitado. Sin embargo, lo único que los va a diferenciar es mostrar su sello en el guion, la fotografía, en el montaje. Es el sentimiento que se ve reflejado en las películas, creo que siempre va a haber una conexión real si las propias vivencias las exponemos de manera bella, cruda u horrible. Siempre va a haber algo diferente”.
“Que puede ser muy difícil y la parte más frustrante porque hay ocasiones en los que uno entrega algo bueno y simplemente por una situación política del momento no te van a escoger y hay que saber manejar esa frustración. Por eso mismo hay que seguir, buscar y buscar, defender lo poco que se ha ganado en Chile, porque hasta ahora teníamos una pequeña grieta para hacer más cine desde distintos lados y hoy es cuando más peligra esa grieta. Esa política hay que defenderla y al mismo tiempo seguir luchando por los proyectos”.
“Para este año, el presupuesto está aprobado pero obviamente va a haber algún tipo de censura donde un discurso político va a teñir los proyectos que se seleccionan, me imagino que va a haber una curatoría un poco más crítica con los opositores que somos todos los que no pensamos como el gobierno que viene. Entonces, creo que sí vienen tiempos difíciles en términos de la adjudicación de fondos públicos, lo que es una pena porque existe el discurso de que es una ayuda y que mantienen a los artistas, cuando al final en una película se invierte 3 o 4 veces más de lo que realmente se aportó. Tienen que haber políticas públicas que sean honestas y no se corrompan por lo que piensa la ultraderecha”.
“La comunidad internacional es la más importante a todo nivel y es a la que tenemos que apuntar para que exista un cambio real. El cine siempre ha cojeado de una pata, entonces cuando una se cae, hay que apoyar. Cuando los brasileños tenían a Bolsonaro y les cancelaron todo, se vieron obligados a que otros países los apoyaran. En Argentina, lo mismo, entonces el apoyo internacional es fundamental”.
“Yo siempre digo que hay una parte que es talento y otra parte que son políticas públicas. Uno no es nada sin el resto. Yo entré a estudiar a la Chile con una beca y provengo de una familia de clase media baja, donde generalmente no tienes acceso a estudiar. Ese acceso fue fundamental porque yo no aprendía tanto en las clases mismas, sino que conociendo a la gente y a los profesores. Con Alicia Scherson, de quien fui ayudante tres años, aprendí a ver más cine. Imagina una persona que viene de una clase social baja, que normalmente no tiene acceso a la cultura, menos al cine de autor, eso lo cambia todo. Y desde ahí la Escuela fue una herramienta para empezar a contar mis propias historias. Yo llegué a la universidad pensando que me iba a dedicar a algo más técnico, porque en realidad no entendía cómo funcionaba bien. Y cuando me convertí en un cinéfilo, hice fotografía, montaje y después escribí un corto que se lo mostré a Alicia y allí ella me dijo que lo hiciera. Ese fue mi primer corto dirigido, mi obra de título que ganó en Cannes, El verano del león eléctrico”.
"Hay algo que se da mucho en la Universidad de Chile que es justamente el sentirse parte de una comunidad y con una postura política al respecto, de aportar frente a algo que está mal. Eso es algo que te lo da la universidad, donde mi discurso político se fue haciendo mucho más fuerte".
“Después de El verano del león eléctrico empecé a sembrar algo más profesional. Yo normalmente escribo de mis amigos, de mi familia, pero en contextos ficticios o que no son siempre reales. El verano del león eléctrico era sobre una amiga que era prometida del profeta de Peñalolén y yo hice mi propia versión de eso. Después hice otro corto que se llamaba Las criaturas que se derriten bajo el sol, que también fue a Cannes, y fue mi primer acercamiento al mundo travesti gracias a que me hice muy amigo de Paula Dinamarca. Ahí empecé a entender que había un mundo que me sensibilizaba, que tenía que ver con el cariño colectivo y los lazos que son de sangre, pero no familiares. Con Paula aprendí eso y me hizo sentir muy cómodo porque era algo que había visto en mi familia, en mi propia comunidad. Desde ahí se abrió otra puerta para que La misteriosa mirada del Flamenco tenga muy presente la familia escogida y como la comunidad sobrevive en ese contexto. Me parece que este es uno de los aspectos más bellos de la película y, a su vez, los personajes están inspirados en mi hermanos, en mis primas, en mis hermanas. Eso me hace sentir más emoción en lo que hago y veo”.
“Para mí, la resistencia es la creación de un discurso colectivo. La película tiene un discurso importante que no señala a buenos o malos, sino que es una montaña rusa con personajes que la mayoría del tiempo son buenos, pero que también tienen momentos que son crueles, melodramáticos, graciosos, entonces habla de una obra que transita por algo muy importante que es una comunidad que construye amor. Esto es muy relevante en tiempos donde todo se vuelve más individualista. El amor y la ternura se necesitan para encontrar el sentido de nuestras vidas”.
María Paz Donoso, Dirección de Extensión y Comunicaciones FCEI U. de Chile