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Entrevista a Carlos Ovando, encargado del área técnica y de restauración de la Cineteca
Hace algunas semanas se celebró el Día Nacional del Archivo y con motivo de ello quisimos conversar con Carlos Ovando, encargado del área técnica y de restauración de la Cineteca de la Universidad de Chile. Carlos ha desarrollado una trayectoria importante en la conservación y difusión del archivo audiovisual del país. Aquí nos cuenta en detalle la labor que realiza y cuáles son los desafíos que hoy tiene la Cineteca de la universidad ad portas de su aniversario N°62.
Carlos Ovando lleva seis años trabajando en la Cineteca de la Universidad de Chile, parte de la Facultad de Comunicación e Imagen. Egresado de Cine con mención en montaje de la Universidad Arcis, para él fue clave conocer a Carmen Brito, quien fue su mentora en restauración y manipulación de material fílmico en Chile a inicios de los 2000, antes de irse a estudiar a México. Fue allí cuando se enamoró de ese proceso. “Además del montaje me enseñó a cortar negativos. Poco a poco quise usar y arreglar material fílmico, y eso me llevó a otro tipo de discusiones o conversaciones”, relata Carlos. Al trabajar con ella, montaban en una moviola con la copia del material, que podían rayar, cortar o manipular, para armar la matriz de la película.
—¿Cómo fue tu experiencia en México y cómo eso te ha ayudado en tu trabajo en Chile?
Fui a hacer una pasantía con la filmoteca en la UNAM, sobre el trabajo de laboratorio cinematográfico. Me dejaron contratado y estuve trabajando casi dos años, mientras estaba estudiando. Ahí un profesor que se llamaba Francisco Gaytán, encargado del área técnica, generó nexos para que yo trabajara en otros laboratorios de cine y conociera otras realidades de procesos relacionados con el laboratorio. Por lo mismo tuve la posibilidad de trabajar en distintos estudios, ahí aprendí varios procesos de recuperación y de laboratorio cinematográfico. Eso a la larga me abrió un sinfín de puertas que me sirvieron para tener la confianza de tomar decisiones y encontrar soluciones para restaurar películas. Cuando volví a Chile había muy poca gente vinculada a la restauración fílmica. Lo que hacíamos nosotros era aprender y luego enseñárselos a los demás.
—¿Tenían un colectivo?
No sé si alguna vez fue un colectivo, fue una organización que nació porque no existían otras formas de trabajo. Como éramos poquitos funcionó muy bien para empezar a informarnos. Estaba Luis Horta, Francisco Venegas, que está en la Cineteca Nacional, Gabriel Cea, la Carmen y yo. Yo me hacía cargo de las películas cuando llegaban a México. Hice toda la recuperación —procesos de laboratorio— de las películas cuando ya Luis estaba trabajando en la Cineteca de la Universidad de Chile con don Pedro Chaskel.
—¿Cuál es la labor que hoy realizan en la Cineteca para restaurar y cómo ha sido ampliar el equipo en esta nueva fase de la Cineteca?
Bueno, estoy a cargo del área técnica de Cineteca y también estoy trabajando en todo lo que tiene que ver con los materiales audiovisuales del archivo. Para nosotros la incorporación de gente es un acto hermoso. Fue bellísimo porque teníamos muchas áreas que no podíamos abarcar. No les podíamos dar un seguimiento. El ingreso de Francisca es fundamental para hacer crecer el archivo. En el caso de Valentina, que está a cargo del área de Vinculación con el medio, es magnífico poder difundir y poder mostrar lo que hacemos, de distintos ámbitos, tanto educativos como patrimoniales. Ojalá podamos ingresar cada vez más gente a un trabajo como este, que es bastante arduo y lento.
—¿Podrías explicarnos cómo funciona la restauración de un archivo fílmico?
Primero recibo un material, que puede llegar por distintas vías. Luego hago una ficha de catalogación, en la cual reviso completamente el material y analizo cuáles son los posibles conflictos que puede llegar a tener, y cuáles son los posibles arreglos, si es que llegase a ser necesario. Esa es la primera instancia. Luego se empieza una investigación sobre el mismo tema con la idea de abarcar la mayor cantidad de información relacionada. Si nosotros hacemos un cambio físico, por más pequeño que sea lo hacemos con la mayor cantidad de fundamentos posibles. Una vez que tenemos clara la ficha técnica, ahí empezamos un proceso de restauración o de recuperación de la obra. Eso va a variar según el nivel de daño o todo lo previamente conversado. Una vez que hacemos esa restauración física, que casi siempre es cuadro a cuadro, ahí recién pasamos a un proceso de digitalización. Después de ese proceso de digitalización tenemos otro proceso digital que es el trabajo de color y de recuperación de encuadre.
—¿Las digitalizan acá?
Sí. Digitalizamos distintos formatos de cine y papel. Abarcamos un espectro bastante amplio de formatos, tanto en cintas magnéticas como en película cinematográfica. Bueno, una vez que ya podemos generar la digitalización, ahí se toman otras decisiones que también van relacionadas a la investigación, como la decisión del tipo de encuadre o el color o contraste. Paralelamente también hacemos una pequeña recuperación del sonido.
—Ahora que están en la Plataforma Cultural entiendo que el material de la Cineteca va a poder estar mejor conservado, ¿cómo funciona ese proceso?
Claro, el punto es que ahora vamos a poder dividir aguas. Por una cosa de espacio físico teníamos que tener varios formatos juntos, pero cada formato o materialidad requiere una conservación distinta. Con dos bóvedas climatizadas vamos a poder dividir estos rangos para no generar daño.
—¿Y qué características tienen que tener estas bóvedas? Pensando también en que tienen materiales audiovisuales y en papel…
Más que nada son lugares que tienen que tener humedad y temperatura estable, pero bajo ciertos rangos. Va variando según el tipo de materialidad que tú tengas, cuán frío o cuán húmedo puedan estar. Hay humedades que son más óptimas para la película, pero no necesariamente para el papel. Por ejemplo, la película debiese estar en menos de 18 grados y en una humedad aproximada entre 40 o 30 por ciento de humedad en el ambiente, versus el papel que debiese estar en una humedad mucho más alta y con una temperatura quizá no tan baja porque se pueden desarrollar hongos. Las cintas requieren otro tipo de temperatura al momento de trabajar, y así va variando cada uno. Oficialmente lo que hacen los archivos grandes es tener ocho o diez bóvedas climatizadas con distintos parámetros, humedad y temperatura.
Hay distintos tipos de bases, el nitrato, el acetato y el poliéster. El nitrato en lo ideal debiese ser con temperaturas mucho más bajas, cercano entre dos a cinco grados, versus la película de acetato, que podemos tener en rangos más altos, casi a los veinte grados. Si existen más recursos esto va creciendo y se va subdividiendo, pero eso depende del tipo de archivo y financiamiento del mismo.
—Para cerrar, ¿cuáles son los planes de la Cineteca para este 2023 en el área de restauración?
Primero terminar de habilitar bien el espacio en la Plataforma Cultural, dejar funcionando el espacio allí y en FCEI. Segundo, a nivel de patrimonio audiovisual vamos a empezar a trabajar ahora con materiales de TVN, desde los inicios del canal, que a nivel histórico es bastante importante. Tenemos una serie de noticieros hermosos que pretendemos digitalizar este año, "Chile al día", minicortitos que se pasaban antes de las funciones. Además estamos trabajando en los proyectos internos de la universidad. Estamos arreglando materiales en 8 milímetros de un director que hacía cine casero, Elio Roncagiolo. Acabamos de hacer la presentación de su obra "Tierra dorada", que espero próximamente la podamos subir a nuestro repositorio de imágenes. También digitalizaremos películas más contemporáneas. La idea es abarcar y hacer crecer lo más posible nuestro acervo.