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Universidad de Chile

Semiólogo Alfredo Cid dictó conferencia en el ICEI:

"El reality convierte en espectáculo todo tipo de material extra-televisivo"

Reality convierte en espectáculo todo material extra-televisivo

Entretelones de los reality show de la Televisión Azteca, la necesidad del público de reconocer "personajes dramáticos" en medio de la cotidianidad del formato y la importancia de estudiar estos nuevos códigos, fueron los temas claves que recorrió el investigador, en el auditorio "José Carrasco" del ICEI, el pasado 12 de julio.

"Reality show y semiótica" se tituló la conferencia impartida el pasado martes 12 de junio por el profesor del Instituto Tecnológico de Monterrey (Campus Ciudad de México) Dr. Alfredo Cid Jurado, cuyos artículos sobre este fenómeno televisivo y la semiótica de la escritura visual son ampliamente reconocidos en Estados Unidos y Europa.

El académico es miembro del Comité Directivo de l’Association Internationale de Sémiotique Visuel (AISV) / International Association for Visuels Semiotics Studies (IAVS), y de la Federación Latinoamericana de Semiótica. Fue invitado por el semiólogo y académico del ICEI, Prof. Rafael del Villar, también miembro de dichas organizaciones. Ambos participarán en el IV Congreso Chileno de Semiótica, que se realiza esta semana en Temuco, donde presentarán el último número de la revista DeSignis, órgano difusor internacional de los especialistas en semiótica.

De visita en Chile, conversó con estudiantes y público presente en el auditorio "Periodista José Carrasco Tapia" sobre las estructuras básicas para comprender el formato televisivo y los hechos que llevaron al canal Televisión Azteca a incluir investigaciones semióticas dentro de los tradicionales estudios de audiencia para intentar evaluar lo que estaba sucediendo con los primeros realitys que se exhibieron hace tres años.

"En ese entonces se debatía por el Big Brother (Gran Hermano) por toda una carga antivalórica que traía desde sus exhibiciones en otros países, especialmente, España y estados Unidos. Televisión Azteca quiso medir el "efecto audiencia" que podría provocar este aparente género que era capaz de mostrar a personas en el baño o a una pareja conversando intimidades en una cama, asuntos que no eran bien vistos por el espectador mexicano". Agregó el académico que la imagen negativa de este reality show era tanta, que uno de los grandes avisadores del canal, amenazó con no publicitar un programa similar.

Ante estas inquietudes latentes, la cadena televisiva optó por efectuar una mezcla entre el Big Brother y Operación Triunfo, hasta entonces los más famosos realitys internacionales. Para no ser acusados de plagio, las necesidades legales los llevaron a incluir otros elementos más locales que finalmente pusieron en marcha a un primer ciclo de programa llamado "La Academia", donde un grupo de 16 jóvenes se presentaban a concursar en canto y baile.

"Nosotros comenzamos a investigar las emisiones y nos dimos cuenta que los espectadores se empezaban a sentir más identificados y aumentaban el rating, si la emisión se asemejaba más al formato telenovela, muy popular en México. De esta forma, aquellos jóvenes que indirectamente empezaban a consolidarse como personajes más que concursantes, lograban mayores preferencias y votación". Este factor, añadió Alfredo Cid, fue explotado por la Televisión Azteca agregando un programa paralelo con las historias personales de los chicos, las que tenían notas de acento dramático, donde se empezaron a notar valores que agradaban al público. “Esto mismo hizo que los chicos expulsados también fueran entrevistados en el informativo del canal”, agregó.

Cid explicó que los productores de estas notas de apoyo personal se configuraron en respuestas a los problemas que estaban viviendo los participantes. "Por ejemplo, se logró que uno de los chicos reconociera a un hijo que tenía; otro, se reconcilió con su padre. Así, la cadena televisiva aparecía como un agente de valores positivos, capaz de unir a familias separadas, fomentar la reconciliación e, incluso, favorecer las identidades étnicas que no suelen aparecer mucho en pantalla". En esta línea, comenta que una joven llamada Toñita, de rasgos indígenas y perteneciente a una pequeña comunidad, logró movilizar a mucha gente que se reflejaba en ella. De hecho, en el poblado donde vivía, se tomaban las carreteras y cobraban peajes a los camioneros para invertirlo en llamadas telefónicas de apoyo a ella.

Ser mejor no es lo importante

Otra de las claves que los investigadores pudieron captar en "La Academia", afirmó el académico, fue que, si bien su formato era el de una competencia, no era el talento o el mejor concursante el que lograba captar la votación del televidente. Como se dijo, era la capacidad de perfomance, el configurar un personaje telenovelesco, lo que era valorado por la audiencia. "Esto implica que, bajo el aspecto de cotidianidad que presentan los reality, las personas necesitan identificar los elementos dramáticos que tiene la ficción. Es por eso, que nos dimos cuenta de la importancia de estudiar este fenómeno no sólo a través de la semiótica, sino que con el apoyo de disciplinas como la sociología y la psicología", indicó.

De esta forma, según explicó Cid la ganadora del concurso fue una joven llamada Miriam, que no era la mejor, incluso, no era muy querida dentro de las casa-estudio, por lo cual, empezó a conversar con un peluche, cosa que le permitió empatizar con el público, el cual le hizo llegar centenares de peluches. Esta situación, la derivó a explotar un estilo niña-mujer, muy valorado por los mexicanos.

Otra de las participantes, que era muy bonita, pero que apenas tenía talento, se defendió criticando el concurso y el sistema. Lo que parecía una anécdota, la transformó en una rebelde. Los productores no la podían sacar, porque cada vez que ella le reclamaba al jurado y profesores, el rating subía y llegaban votos de apoyo.

El espectador manda

El fenómeno de las variantes "a la mexicana" introducidas al formato preestablecido del reality show, como por ejemplo, el efecto confesionario, donde los participantes tenían una instancia para "confesar" en una cámara especial sus estrategias, fueron avaladas por la identificación del público, aspecto que obedece a numerosas variables y a la capacidad flexible de los productores del programa para incluir, captar o destacar los elementos que provocaban mayor identificación.

Curiosamente, explica el académico, no hay certezas en ese punto y cada ciclo de programa es algo único que no se puede repetir igual y que requiere de la aplicación de los estudios semióticos que realizaron. En este aspecto, comenta que la cadena televisiva no les hizo al caso de las conclusiones de la investigación, y se lanzaron a un segundo y tercer ciclo, que no pudo recuperar el éxito del primero. Estas ingratas experiencias, han motivado a que el equipo del Dr. Cid vuelva otra vez a estudiar el cuarto ciclo.

Cabe señalar, que los referentes sobre el espectador televisivo se basan en la obra de Umberto Eco, publicada en 1974, "¿El público perjudica lo televisivo" y el texto de 1980 "Televisión: la transparencia perdida", aspectos que se profundizan con los estudios de Omar Calabresse donde realiza reflexiones sobre la serialidad, o el fenómeno de las series y la audiencia. En suma, dice el investigador, "el espectador televisivo es una figura que se construye como respuesta al texto televisivo". Agrega que "el reality convierte en espectáculo todo tipo de material extra-televisivo, donde la conversación y lo cotidiano, normalmente fuera de cámara, ingresan como show. Los referentes los podemos apreciar en la película Truman Show y, por supuesto, en los productos televisivos: Big Brother, Sobrevivientes, Operación Triunfo y otros formatos equivalentes".

Otro de los elementos de análisis utilizados por el equipo del Dr. Cid, fue la clasificación de Francois Jost, de un triángulo donde se configuran los formatos de la ficción, lo lúdico y lo autentificante, donde en el centro de los tres, se presentaría el reality show, que mezcla un poco de cada uno.

De esta forma, podemos ver que este nuevo formato televisivo tiene mucho que entregar a los estudiosos y refleja la necesidad de identificación y de participar en forma interactiva, que buscan las audiencias de hoy en América Latina.

Texto: Prof. María del Pilar Clemente
Fotos: Ricardo Figueroa
Fecha de publicación:
Martes 19 de julio, 2005