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Entrevista a Orlando Lübbert:
El director de "Taxi para tres" tiene una prolífica producción realizada durante su exilio en Alemania. En nuestro país, sin embargo, poco y nada es lo que se ha visto de su trabajo, y del de más de veinte realizadores nacionales víctimas de la censura que la televisión chilena ha impuesto a sus películas.
El cine chileno resultó gravemente dañado tras la irrupción de la dictadura. El cierre de escuelas, el exilio de muchos cineastas y la aplicación sistemática de una implacable censura menguaron la producción nacional e impidieron el desarrollo de una –hasta entonces- floreciente industria local. A pesar de ello, los realizadores nacionales continuaron trabajando en el extranjero con ayuda de algunas organizaciones internacionales. En Chile, sin embargo, la censura se mantuvo en el ADN del país: hasta el día de hoy no se han exhibido en televisión las películas del exilio ni la serie de documentales con mirada crítica posteriores a la dictadura.
Hablemos de censura
- Uno de los elementos relevantes de la falta de información y expresión en nuestro país lo caracteriza la sistemática autocensura –por parte de la televisión chilena- de la que ha sido víctima el cine del exilio y el conjunto de documentales críticos que se han hecho luego de 1990; ¿Cómo dimensiona este fenómeno a nivel nacional?
- Hay varios momentos donde se produce un tipo de censura. Yo diría que prácticamente desde el momento de concepción de una idea existe una censura que opera en nuestro país de una manera feroz.
Recuerdo que se hizo una retrospectiva del cine chileno del exilio en el marco del Festival de Huelva, a fines de los ‘80, en donde se dieron muchas películas y los chilenos que estábamos en esa muestra pensábamos que algún día íbamos a llevar aquello a Chile, lo que hasta ahora no ha sido posible.
Se dieron cuenta (los organizadores del Festival) que había una cantidad inmensa de películas de distintos países, y que era muy interesante verlas todas juntas. Había films hechos con guiones chilenos en alemán y en otros idiomas, y películas realizadas por los mismos chilenos que siguieron trabajando en el exilio. Se trata de una obra muy prolífica. Tiempo atrás calculé que eran más o menos veinte chilenos que hicieron alrededor de 150 o más películas entre cortos, largometrajes y documentales…
- ¿Concretamente ustedes trataron de que esta muestra fuera exhibida en Chile?
- En ese momento era una especie de deseo oculto que teníamos. Estábamos convencidos de que eso en algún momento iba a hacerse. Yo viví en Alemania muchos años y el tema del exilio y de lo que pasó antes, hasta el día de hoy, sigue siendo algo tremendamente actual y vigente, y todavía en gran parte inexplorado.
En el caso nuestro, los que finalmente volvimos a Chile nos encontramos con que había un tapón, y nos dimos cuenta de que era imposible hablar de estos temas. Al principio, en el gobierno de Aylwin, se mostraron algunas películas como “Palomita Blanca” -que no es propiamente del exilio- y se hicieron algunas películas con apoyo de la televisión, que parecía estar jugándosela por el cine chileno y nosotros pensábamos que ahí había una ventana que se podía abrir. Pero luego esa misma televisión nos censuró desviando la mirada de los chilenos hacia otra esquina, fuera de la realidad y menos hacia el pasado. Como que no había que hablar de eso, se generó una zona “obscena” en la cual no se podía penetrar.
- Pero la generalidad del cine del exilio todavía no ha sido dada ni en los circuitos comerciales ni en la televisión chilena. ¿Se justifica que luego de 17 años de término de la dictadura siga negándose la televisión a transmitir la experiencia audiovisual del exilio?
- El exilio en general ha sido bastante frivolizado. Quienes lo hemos sufrido nos damos cuenta que es uno de los castigos más atroces que puede haber. Además, durante mucho tiempo, Chile le dio la espalda a los hijos de los exiliados, al mantener la disposición de la Constitución del ‘80 que solo les reconocía nacionalidad chilena a los hijos de chilenos nacidos en el exterior luego de un año de permanencia en nuestro país. Esto obligó, en la práctica, a que perdieran su condición de chilenos. Para qué hablar de la permanente angustia de no poder volver al país, de los quiebres familiares y de numerosas tragedias personales producto de la transculturación. El negarse a mostrar nuestra obra desarrollada en el exilio constituye, por lo tanto, una crueldad adicional.
- ¿Podríamos decir que existe una censura no sólo al cine chileno, sino que a toda la problemática del exilio chileno incluyendo al que quedó, en la práctica, con posterioridad a 1990?
- Así es. Hay que tener presente que independientemente de algunas leyes que se aprobaron para favorecer el retorno de exiliados, hubo muchos chilenos que intentaron volver y que se encontraron con que eran prácticamente segregados y “ninguneados”, por lo que tuvieron que devolverse a los países donde residían. Esto ha configurado un terrible sufrimiento adicional. Sus nietos ya no tienen nada que ver con Chile, y ellos se constituyen –cuando pueden- en chilenos “de verano”, que vienen por un mes, miran, comen hallullas y luego tienen que volver a irse. Esta fuerte nostalgia de nuestro país se aprecia en toda su magnitud en el entusiasmo con que apoyan a los futbolistas y tenistas chilenos cuando compiten en sus países de residencia. Es muy dramático porque allí se enfrentan a fidelidades contrapuestas. Por un lado, al país de origen, a sus afectos y cultura que les fueron cortadas de raíz; y por otro al país que los acogió demostrándoles una gran solidaridad en momentos muy difíciles. Este desgarro se expresa también en el hecho de que muchos exiliados cada vez que vienen a Chile encuentran todo feo y malo; y, claro, lo que ellos están haciendo es decirse ‘como yo no me puedo volver, tengo que acomodarme al país donde estoy’, encontrando así un poco de paz y equilibrio, y tratando de justificarse a sí mismo el hecho de no volver.
- ¿Han hecho esfuerzos los realizadores chilenos para que la televisión chilena muestre el cine del exilio y los documentales posteriores que se han censurado?
- No hemos hecho grandes esfuerzos en ese sentido. Nos encontramos con prioridades y urgencias que colocan esta lucha como en un décimo lugar. Uno se integra aquí dejándose llevar fácilmente por el día a día. Tampoco hemos abordado el gran tema de la censura, porque la censura no es solamente contra el cine chileno sino que en general contra toda esa época que permanece oscura; y es dramático que permanezca oscura porque hoy los jóvenes no tienen idea de nada: de la manera como se “ninguneó” la imagen de Allende, por ejemplo, lo que es una cosa atroz. En todo caso, yo no soy pesimista a este respecto, ya que creo que hay una especie de memoria latente en este país, que en un momento dado va a emerger con mucha fuerza.
En estos momentos, estoy tratando de conseguir recursos para hacer una película que tiene una temática política y que tiene que ver con época. No propiamente con el exilio, pero sí con una época anterior. Cuando empiezo a buscar plata con los tipos que financian me dicen automáticamente ‘la gente no quiere saber nada con temas políticos, no te metas con el tema político’; y eso es un mito, es una mentira que una película como Machuca ha logrado develar, ya que tuvo un éxito de caja muy grande.
- ¿Es, entonces, un sofisma para seguir justificando la autocensura?
- Claro, y se presenta con una lógica de mercado. A mí nadie me viene a decir ‘yo te voy a censurar por esto o por lo otro’. Los argumentos que me dan son de tipo mercantiles.
- Pero curiosamente una buena parte del cine del exilio y de los documentales posteriores han tenido muchos galardones en el extranjero…
- Sí, pero eso no vale mucho acá…
- Pero eso revierte el argumento de que, en general, son producciones de baja calidad. Por otro lado, se trata de películas que atañen a nuestra sociedad ¿cómo no va a haber interés por parte de la población chilena de verlas? Y respecto de las lógicas de mercado, hay empresas extranjeras que transmiten estas producciones nacionales vía cable y no andan preocupadas de que van a perder abonados ni mucho menos. “La batalla de Chile” de Patricio Guzman, por ejemplo, fue vista por muchas personas en Sky”. ¿Por qué donde algunos ven un negocio rentable otros ven un tema tabú?
- Yo tuve una experiencia el año 1997 cuando llegó el nuevo director del Instituto Goethe, Dieter Strauss, que hizo algo que me pareció muy loable. Él sabía que yo había vivido veinte años en Alemania, y me llamó y dijo ‘hagamos algo juntos’; lo que nadie había hecho antes. Me dijo que conocía a una persona de la cinemateca alemana de Berlín, un alemán de estos que Bertolt Brecht llamaba “indispensables”, que calladitos hacen cosas espectaculares. Una de ellas fue comprar todos los documentales chilenos que se habían hecho en la época de la Unidad Popular, e incluso algunos de un tiempo antes. Y no sólo los compró para la cinemateca sino que mandó a hacer un internegativo, que constituye una inversión cara que nosotros jamás hubiésemos podido hacer. Yo siempre le decía que ‘algún día vas a tener que ir a Chile con esto y nos vas a devolver parte de nuestra memoria’. Le comenté esta situación a Dieter Strauss y me dijo que lo hiciéramos. Resultó que la muestra de películas que hizo el Instituto ha sido el programa más exitoso, desde el punto de vista de la asistencia de público, en la historia del Goethe. Yo pensaba que la gente no iba a ir y finalmente fue pura gente joven. Se formaban largas colas y colas de cabritos que luego lloraban de emoción con películas que yo creía que tendrían poca audiencia y que varias de ellas ni siquiera a mí me gustaban porque las consideraba obsoletas.
- Es un desmentido claro al argumento de mercado…
- Es un desmentido absoluto, pero absoluto. Si esas películas se dan en televisión “matan” en rating, y ese es el miedo que tienen: el miedo a polarizar, a destapar la ollita. Ahora esa ollita se está destapando igual, solo que de manera anárquica y violenta. Así que si fueran un poco más inteligentes, las darían por televisión.
- Nos llama la atención la resignación de los realizadores. Por ejemplo, Patricio Guzmán aceptó hace algunos años atrás que TVN le auspiciara “El caso Pinochet”, en el cine Hoyts de La Reina, durante unos diez días para que la vieran algunos centenares de personas; siendo que la misma Televisión Nacional le está negando hasta hoy sus pantallas para que la puedan ver los 16 millones de chilenos. Otro ejemplo: Hace pocos días atrás, Marcela Said y Carmen Luz Parot se quejaron, en carta a “La Nación”, de que las colocaran como protestantes frente a la censura de la que han sido víctimas por parte de Televisión Nacional. Ellas manifiestan que, pese a dicha censura, mantienen buenas relaciones con el canal. Queda la impresión de que hay poca entereza de parte de algunos realizadores para protestar frente a la censura de que son víctimas.
- Yo reconozco que a todo el movimiento cinematográfico chileno no sólo le falta cohesión, sino también claridad y decisión para articular una acción común en defensa de nuestros derechos.
- Quizás es el efecto de la misma autocensura que no es sólo relativa al cine sino que a todas las manifestaciones culturales y políticas.
- Mucha de la gente lúcida que había en Chile se fue, ¿y a quién tenemos hablando en la televisión? ¡Al señor Villegas! ¡Que es un pelotudo! Yo lo comparo con Fernando Rivas Sánchez, con algunos otros periodistas, con tanta gente maravillosa que fue enviada al exilio y que todavía está ahí. Esa fue la operación cultural de la dictadura y finalmente ¿con qué nos quedamos? No hay pensamiento crítico ahora. Por ejemplo, aquí se considera que “Machuca” es una película de izquierda ¡cuando es una película de derecha! en donde no se sabe quiénes son los especuladores; y uno no puede hacer una película de esa época de manera “imparcial”.
- Su película “La colonia” – filmada en Alemania en 1986- todavía no es tema para la televisión chilena…
- Yo me he hecho experto en Colonia Dignidad… Fui a ver al viejo maravilloso de Helmut Frenz cuando dirigía Amnistía Internacional en Bonn, y me abrió los archivos del horror de Colonia Dignidad, ¡pero del horror!, y siempre la pregunta que tú te haces es ¿cómo es posible que se haya tapado esto? ¡Algo que viene de 1966! Fue posible que se ocultara con la complicidad del partido democratacristiano de esa época, ¿por qué?, porque la Democracia Cristiana chilena fue inventada por la Democracia Cristiana alemana, y Alemania defendió a Colonia Dignidad. Incluso llegaron a decir que los terrenos de Colonia Dignidad eran interconsulares, es decir, que eran territorio alemán. Y tú vas a encontrar en la revista Ercilla del año 66, en primera plana, la historia de la familia Wagner, que es una historia increíble de ese lugar, y adentro lleno de referencias a Colonia Dignidad; y en el número siguiente ¡no existe nada de colonia dignidad! Desapareció el tema.
- Hay que decir que Patricio Aylwin, como senador de la zona, fue siempre crítico a Colonia Dignidad.
- Hubo dos o tres democratacristianos muy decentes. Entre ellos Claudio Orrego, en el diario “La Nación”, y Bernardo Leighton.
- Pero seamos justos, Allende tampoco hizo nada contra Colonia Dignidad.
- No hizo nada, porque Allende tenía problemas más graves que Colonia Dignidad.
- Es increíble que la televisión chilena señale que “La Colonia”, que es una película sobre Colonia Dignidad, no es un tema que vaya a tener impacto público.
- Fui a dejar una copia al Canal 7 y le mandé una copia también al director de programación, Jaime de Aguirre. Luego la secretaria me llamó por teléfono muy impresionada y me dijo que si diéramos esta película ahora tendríamos rating 100, porque es un thriller, está hecha así, tipo Costa Gavras, un padre que busca a la hija…, aunque no te guste el tema te va a entretener igual. Yo le dije que no quería hablar de plata, que solo me interesaba que se exhibiera, porque era el momento para darla. Me dijo ‘yo me voy a ocupar de que la vean’. Después me llamaron y dijeron que se les había echado a perder el VHS; y dije, bueno, les llevo otro, y me llamaron de nuevo y me dijeron, ‘no, si estaba bueno… puras cosas’. Le escribí un correo a René Cortázar que dirigía TVN, y aparentemente lo recibió porque ahí me volvieron a decir “mira estamos viendo”, pero nunca nada más, silencio absoluto, nunca más.
- Demostración absoluta de que no hay ninguna razón de mercado para fundamentar la sistematicidad de esa censura.
- Claro, yo lo consideré un acto de censura. Y ustedes empiezan a ver cómo está funcionando este país, y se dan cuenta de que aquí se ningunea a todos, se ningunea a la gente, la dignidad de la gente. Además se deja que se imponga la imagen de Paz Ciudadana, del pobre esencialmente delincuente. Se ha creado un imaginario muy potente y la televisión no ha hecho nada por contrarrestarla. Y la televisión tiene una misión de ese tipo, dignificar la humildad, la pobreza, la carencia y no convertirla en una huevada exótica, asociada especialmente a la delincuencia.
Cuando me metí en este tema en “Taxi para tres”, en este país los verdaderos héroes anónimos son esa madre, que vive en ese lugar y tiene que vivir en ese lugar porque no tiene otro sitio donde vivir; y ella quiere y tiene la ilusión de que sus hijos van a ser decentes, creen en la decencia, ese es el verdadero chiste de la cuestión. No son defensores de la delincuencia ni se aprovechan de ella como muchos que hacen grandes negocios con la seguridad.
- La censura no es sólo en relación a la dictadura, sino también al Chile de hoy...
- Claro, en este país uno de los grandes problemas es el miedo, la gente que vive con un miedo atroz, un miedo inducido por la televisión, por Paz Ciudadana y por toda esta gente que está llena de intereses. Ahí ustedes pueden ver un vínculo entre la televisión y la industria de la seguridad, ¿se dan cuenta?. Es un vínculo perfecto porque son los que financian las televisiones actuales. No hay ninguna película que plantee eso, ninguna. El maltrato infantil, el embarazo infantil, que son problemas atroces, el desamparo de la juventud, etc. Aquí no hay ninguna película, ninguna. Por mis manos pasan cientos de guiones y proyectos de cabros jóvenes y es muy raro encontrar que se interesen por estos temas. Está lleno de temáticas de gangters, que les roban la droga, que se roban entre ellos, el otro lo apunta… “te voy a matar conchetumare…pa pa pa”. Si tú ves los grandes temas, que son agobiantes en este país, y ves al cine chileno, el cine chileno anda en la playa, no se mete, no toca eso, ¿Por qué no hacen películas sobre el mundo en que estamos?
Orlando Lübbert |
Estudió Arquitectura y Cine en los Talleres de Chile Films. Se desempeñó como profesor en la Escuela de Cine de la Universidad de México, entre 1973 y 1974; y del Instituto Latinoamericano de la Universidad Libre de Berlín, hasta 1993. Desde 1972, Lübbert se ha dedicado tanto a la realización de documentales como de cintas de ficción y ha compartido esa labor con la de guionista. Algunos de sus títulos como documentalista incluyen “Los puños frente al cañón”; “Residencia en la tierra”; “Chile, donde comienza el dolor”; e “Isabel Allende”. Entre sus numerosas películas se destacan “El paso” y “La Colonia”. Después de una prolongada residencia en Berlín, regresó a Chile en 1995 donde continúa su labor docente y se dedica a trabajar en la adaptación y desarrollo de guiones. Su más reciente trabajo como documentalista es “Chile, la herida abierta” (1999), sobre el caso Pinochet. Y en términos de ficción, su última obra es “Taxi para tres”, con la que ha logrado nominaciones a los premios Ariel - México, Goya - España, y premios en los festivales de Cartagena (Colombia), La Habana, Mar del Plata y San Sebastián (España). Actualmente es profesor en Pre y Postgrado en el Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile y dirige el Taller-Documental de alumnos tesistas del ICEI, “El Diario de Agustín”. |
Felipe Portales
Julio Argomedo