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Inicio:
1 de enero de 2026
Cierre:
30 de septiembre de 2026
Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile
Investigadores
Académicos
Estudiantes de postgrado
Ciencias Sociales
Humanidades
Inicio de llamado de artículo: Enero 2026
Cierre de recepción de artículos: 16 de noviembre de 2026
Fecha de publicación: diciembre de 2027
Editores invitados:
Jorge Jiménez-Ramírez, Universidad Europea de Madrid, España jorge.jimenez@universidadeuropea.es
https://orcid.org/0000-0002-4823-5517
Carlos Elías, Universidad Carlos III de Madrid, España carlos.elias@uc3m.es
https://orcid.org/0000-0002-1330-4324
El monográfico N° 56 de la revista Comunicación y Medios sobre “Retórica de la desinformación” pretende arrojar luz sobre las técnicas, estructuras, recursos y elementos que conforman dicho fenómeno. La desinformación es el gran actor de la política y la sociedad contemporánea y condiciona muchos aspectos de la vida de la ciudadanía, dado el consumo generalizado de los medios y distintas aplicaciones sociales y, en consecuencia, el acceso a contenidos diseñados para influir, aunque parezcan entretener (Broner, 2022). Los relatos divulgados por estas aplicaciones se convierten en herramientas decisivas para persuadir a favor de las redes de poder (Stahl, 2006). Desde el campo académico, urge conocer mejor la desinformación y explicarla para divulgar y atajar sus efectos.
El origen del término “desinformación” se sitúa en el área de la confrontación y la guerra entre naciones. El origen del vocablo desinformación se encuentra en la oficina homónima, Oficina para la Dezinformatsiya, que Artur Artuzov creó en 1923 (Rid, 2021 ) dentro del Directorio Político del Estado (GPU) en la recién nacida Unión Soviética. La función de dicha oficina era diseñar operaciones de contrainteligencia contra los servicios de información de otros países.
Aunque el término es relativamente reciente, la desinformación no es un fenómeno novedoso (Posetti & Matthews, 2018). Los diferentes tipos de poder y las formas de ejercerlo se han basado históricamente en técnicas de desinformación para perpetuarse. Desde el imperio romano (Bazou, 2024), el español (Earle, 1997) o el incipiente imperio digital chino (Wright, 2021), pasando por las grandes multinacionales de todos los sectores (Creech, 2020) y, por supuesto, los partidos políticos (Freelon & Wells, 2020; Bennett & Livingston, 2018), hay pocas áreas en las cuales las técnicas de desinformación no hayan sido aplicadas al servicio del poder.
Otra cuestión fundamental es definir desinformación ante la confusión de términos que se manejan como sinónimos (Stahl, 2006). La desinformación combina elementos de verdad (basada en datos o fuentes contrastadas) con información verosímil (no confirmada o basada en datos mal procesados) e información errónea (producto de la mala praxis o condiciones laborales de los periodistas) o falsa con el objetivo de causar confusión en el público al que se dirige (Romero, 2018). Aunque no se perciba, la desinformación requiere de un objetivo que beneficie al emisor de dicha desinformación (Lecheler & Egelhofer 2022). Fake news, bulos, posverdad, mentiras o errores periodísticos son distintas piezas de un mismo mecanismo que requiere de la combinación de todas ellas en torno a una estrategia. Se trata de factoides generados para la confusión y la consecuente inacción en la ciudadanía, ante la imposibilidad de conocer la verdad.
La desinformación, aunque se originó en el ámbito de la seguridad y los conflictos soterrados entre servicios de inteligencia, afecta hoy a casi cualquier área que requiera del procesamiento de información, desde la delincuencia, los medios de información o la divulgación científica, a la educación o la promoción del espíritu crítico. La falta de herramientas para distinguir con claridad la desinformación puede hacer que el cinismo (y el pseudoescepticismo, que no duda de sí mismo sino de los demás) se convierta en la actitud dominante en las élites y sea imitada por el resto de la población (Sloterdijk, 1987). Por eso, los sistemas y estados democráticos son algunas de las víctimas esenciales de las estrategias de desinformación (McIntire, 2025; Han, 2022).
Este monográfico especial pretende contribuir a comprender mejor y a contrarrestar los fenómenos de desinformación con ejemplos, enfoques y metodologías, por ejemplo, específicas a las sociedades iberoamericanas y, con ello, promover terminología y modelos propios. En este sentido, hablamos de un fenómeno que requiere un abordaje transdisciplinario, por ello animamos a que contribuyan a este número todas las áreas directamente afectadas por la desinformación, como la política, la educación, el periodismo, la historia, la publicidad, la mercadotecnia, la filosofía, la retórica, las ciencias sociales en general (historia, sociología, lingüística, antropología ) o las ciencias de la salud, entre otras.
El número especial trata de responder a cuestiones como: ¿Qué entendemos por desinformación? ¿Qué caracteriza a la desinformación en el contexto iberoamericano? ¿Cuál es el papel de los grupos de poder en la desinformación? ¿Qué estrategias concretas desarrolla? ¿Cuál es su relación con la política actual? ¿Qué relación tienen las aplicaciones sociales? ¿Cómo afecta a la movilización? ¿En qué estrategias cognitivas y retóricas se basa? ¿Cómo afectan a los discursos sociales y políticos? ¿Cuál es su relación con los modelos políticos futuros y presentes? ¿Cómo afecta a la movilización civil? ¿Qué implicaciones tiene en la educación? ¿Cómo se relaciona con los medios? ¿Cómo evitarla, prevenirla o minimizar suavizar sus efectos?...
Animamos a la contribución de envíos sobre los siguientes temas, entre otros:
Se aceptan artículos en inglés y español, resultado de reflexiones teóricas o investigaciones originales. Consultar Normas para Autores en www.comunicacionymedios.uchile.cl
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* Recordamos que Comunicación y Medios recibe de forma permanente artículos de temática libre para su sección Miscelánea.
Referencias